LA MASONERIA EN EL SIGLO XXI, SU MISION, SALUD Y ESTABILIDAD.

Por: Ramón Viña Pérez. Ex Maestro Respetable Logia Habana.

Queridos hermanos:

Los comienzos del Siglo XXI nos han introducido como ya se vislumbraba en una oscura y áspera encrucijada donde grandes, graves y complejas problemáticas agitan y conmueven al mundo, lo que desde luego también preocupa a nuestra augusta Orden y sus adeptos a quienes se nos impone una actitud definida, recia e inconmovible acorde a los principios y postulados que defendemos.
Esta actitud ha de corresponderse con los compromisos ineludibles que contraemos con nuestra iniciación en la institución entre cuyos factores determinantes están la sistemática lucha contra la ignorancia, la ambición y la hipocresía aplicando principios de diálogo, comprensión y tolerancia en todas nuestras relaciones además de potenciar nuestra cultura y educación asentado todo ello en los principios de Libertad, Igualdad y Fraternidad con la reflexión seria ante la realidad, pesando y pensando convenientemente en su dignificación y trascendencia, su importancia y su valor.  Si a cada momento hacemos esto tendremos la oportunidad de vislumbrar nuevos caminos y mejores derroteros en todos los planos de la vida material, mental y espiritual. Esos valores en los que descansa la masonería no se imponen como un cartabón rígido, ni enmarcada en concepciones estrechas y dogmáticas; por el contrario se eligen hombres y se los educa desarrollando en ellos todas sus potencialidades que les permita situarse en su esfera de acción, no como simples espectadores del acontecer cotidianos sino como actores directos que puedan influir en su medio, sirviendo ello además para la mejora de su propia personalidad y su propio mundo interior.
La educación masónica; nuestra principal arma que no debemos abandonar nunca, se traduce en un proceso de formación y conducción del crecimiento psíquico y moral de los hermanos, los que deberán siempre vivir en un afán renovador con sed de justicia y paz para un mundo en perpetua evolución.
La imagen ideal del hombre con que sueña la masonería ha de identificarse en plenitud y ponerse al servicio de la cultura, de ese mundo específico y peculiar de la existencia humana, medio natural en el cual se mueve el hombre y que, por ser del hombre, ha de experimentar permanentes cambios, constantes transformaciones que lo impulsen más hacia la superación, hacia el progreso de la vida colectiva.
La esencia y la razón de ser del masón será pues su constante lucha por el progreso con las variables que cada momento impone, ser un adalid de la Verdad, un infatigable sembrador de la fraternidad universal y de la solidaridad humana así como de un más efectivo amor entre los hombres.
Debe comprenderse entonces que en nuestra Orden no puede haber cabida para ningún tipo de protagonismo, ni para actitudes y conductas que puedan lesionar, dañar o comprometer el prestigio, la estabilidad y el propio progreso de la institución.
Resulta en consecuencia necesario que cada masón en cada momento de este Siglo XXI, medite en la significación y contenidos de nuestra acción masónica diaria, empeñada en formar un mundo mejor para una humanidad más feliz.
El masón en cada comunidad nacional, es un ciudadano que tiene el deber de ser el mejor y el más destacada, porque para ello recibió en nuestros templos una recia formación moral y espiritual; por ello, se requiere que se opere un movimiento y una acción de influencias que, partiendo de nuestras Logias y Cuerpos, vaya hacia el mundo pagano para desarrollar y cumplir una generosa tarea de progreso y bienestar.

Hermanos:
Sabemos que la sociedad humana, progresó desde la segunda mitad del Siglo XX, más que en los dos mil años anteriores, sin embargo los adelantos no siempre han constituido índices de progreso; al cruzar el umbral de una nueva Era vemos estos tiempos en extremo difíciles para la vida y no sabemos qué sorpresas nos deparará el futuro; hoy diariamente se operan cambios ante nuestros propios ojos, aunque muchos lo ignoren no creemos encaminarnos hacia un porvenir de tranquilidad, sino de peligros insospechados e invenciones incesantes que muchos no sobran afrontar.
Por tanto nuestra tarea de hoy, del futuro por venir, debería ser: fortalecer nuestro espíritu y nuestra fe, enriquecer y ampliar nuestros horizontes para que la perspectiva de ese mundo crezca gracias a una mejor y más exacta concepción de valores e ideales trascendentes y de plena vigencia. Con estas tareas continuaremos preparándonos con la práctica irrenunciable de la más efectiva fraternidad.
Si cumplimos nuestra misión cada día, podemos proclamar que la salud y estabilidad de nuestra augusta institución continuara en el Siglo XXI transitando como hasta ahora por los dinteles de los distintos tiempos.

Abril de 2007